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por Marieke Aafjes
¿Según los ojos de...?
Argentina rankea tercer país en el mundo en la práctica de cirugía estética. Cuando decidimos hacernos una operación cosmética, ¿es una decisión personal?
No tenía pensado hacerme una cirugía estética. Soy antropóloga social, estoy haciendo un estudio sobre la práctica de cirugía estética en la Ciudad de Buenos Aires e investigo su famosa popularidad. Argentina ocupa el tercer lugar mundial en la cifra anual de cirugías estéticas practicadas.
Un concepto clave en investigaciones antropológicas o etnográficas es el de ‘observación participante’. Yo observo: ningún problema. Yo participo: hasta cierto nivel. Repito, el tema es que no tenía ni tengo pensado hacerme una cirugía estética. Pero me he sentado en sillas de consultorio de cirugía estética y por mi oído, entrenado antropológicamente, entraron las opiniones y los consejos expertos de ‘mi’ cirujano. Estos hicieron que mi filtro antropológico se corriera y llegaran a mi oído más íntimo: al oído de una mujer joven, cuya apariencia física está siendo juzgada. Una mujer joven quien, hasta el día de hoy, aún está impresionada por el impacto que tuvieron aquellas opiniones y palabras.
Durante los últimos seis meses he conversado con varios cirujanos plásticos, tanto en clínicas privadas como en hospitales públicos. A cuatro de ellos he expresado la pregunta que explicita la curiosidad de prácticamente todas las mujeres que conozco: ¿Qué me harías?
Sus respuestas variaron, ya que uno me señaló la anormalidad de mi nariz y otro me recomendó un peeling ‘diamond’ – tratamiento no-quirúrgico. Pero en un aspecto todas las opiniones coincidieron: me convendría ´hacerme las lolas´.
Obvio, el cirujano plástico (o, menos frecuente, la cirujana plástica) es la persona para dar una opinión experta: primero, su opinión está firmemente anclada en las ciencias médicas occidentales – y el efecto de prestigio del guardapolvo blanco es muy eficaz… ¿acaso no entregamos nuestro cuerpo con confianza, para cirugías que varían entre las que salvan vidas y las que realzan la belleza, porque tenemos fe en nuestros médicos? Y segundo, los cirujanos plásticos son considerados dueños, tanto de las manos que pueden construir belleza, como de los ojos que pueden definir la belleza.
El Dr. José Juri, famoso en tierras nacionales e internacionales por sus manos mágicas y hábiles (y además por su personalidad controversial) me lo explicó así: “Ya cuando era muy joven me di cuenta que tenía un don… Yo tengo el don de ver qué le conviene a una cara o a un cuerpo, no solamente veo la belleza, sino que también puedo construirla”. Juri y otros cirujanos que consulté durante los últimos meses repiten una analogía conocida entre el cirujano plástico y el artista plástico o visual.
Okay. Así que ellos son los expertos. Acuerdo, pero hasta cierto punto solamente. Digo, por algo llegaron a ganarse la vida trabajando para hacer gente más bella, ¿no? Y eso es exactamente el pensamiento crítico para tener presente cuando estás sentada ahí en el consultorio. Hasta el cirujano más honesto e íntegro va a estar conciente de dos cosas: el hecho de que vos estás considerando una cirugía estética no solamente aumenta sus ingresos, sino también justifica y explica su trabajo. Otro pensamiento crítico: generalmente, ellos no tienen formación psicológica; estudiaron medicina y técnicas quirúrgicas. Los cirujanos aprenden cómo tratar a la gente y, fundamentalmente, cómo estimar su pedido para una cirugía estética (por ejemplo, ¿es un pedido ‘sano’, ‘informado’ y ‘razonable’ o un pedido ‘utópico’, ‘presionado por una persona querida’ o con expectativas no realistas?), de su experiencia laboral en la clínica y no a través de su estudio o formación.
¿Tendran idea de cómo su ‘opinión experta’ impactó en mí e influyó en mi estado psicológico? Puede ser. Si realmente les importa o les afecta como a mí, es otra cosa.
No tenía, y no tengo, pensado hacerme una cirugía estética. En realidad, estoy bastante conforme y contenta con cómo me veo. El motivo por el que decidí no hacerme una cirugía estética surge a partir de una incertidumbre. No se me hace del todo claro dónde está el limite entre mi propio deseo de ser más bella y la presión social, la ‘norma’ que implica que yo deba ser lo más bella posible – y volverme loca tratando de lograr ese ideal. “La belleza se encuentra en los ojos del que mira” dicen, entonces ¿de los ojos de quién estamos hablando?
Miremos el mundo de la cirugía estética desde la perspectiva de género. No solamente la gran mayoría de los cirujanos plásticos son varones, sino que además hay mayor cantidad de pacientes mujeres, en una relación de 8 a 1. Yo diría que hace falta una mirada atenta hacia la noción porteña de feminidad, de ser mujer, y cómo ésta se relaciona con la popularidad de la cirugía estética que se ha metido bajo la piel de tantas mujeres ya.
Viviendo en Capital Federal, comportándome en muchos aspectos como una porteña absoluta, en un rinconcito de mí misma noto la presencia de un pedacito de la actitud de mis tierras maternas (Holanda), de las cuales partí hace más de un año. Percibo la atención a la belleza y a la feminidad en esta ciudad como una presión social perturbadora. Desde que vivo acá recibo comentarios críticos acerca de mi panza, mis piernas no perfectamente depiladas, mis uñas no pintadas y el hecho de que, vestida con pantalón, muchas veces me siento con las piernas abiertas.
Para muchos extranjeros, las porteñas de clase alta parecen muy, pero muy peinadas y arregladas y la noción local dominante de ‘femenina’ les parece más bien ‘ultra-femenina’, quizás hasta de un modo exagerado. Esta característica de muchas porteñas de estar muy bien arregladas, la cantidad de caras estiradas, las notables ‘demasiado bueno para ser reales’ lolas y muchas de los famosos cuerpos femeninos argentinos (de los cuales se jactan muchos porteños en términos iguales a los que usan para mostrar su orgullo por ‘la carne argentina’), me hicieron pensar en nuestro concepto actual de ‘belleza natural’. Se me ocurrió que ‘natural’ se ha cambiado, alejándose de su origen etimológico, ‘natura’. Se acercó a un concepto que implica un resultado, algo trabajado, algo que se parece a la naturaleza. La frase “no existe la mujer fea, sino la mujer mal arreglada” suena familiar para las porteñas.
¿Donde marcar el límite entre ‘natural’ y ‘hecho’, ‘arreglado’ o ‘artificial’? Más importante aún: ¿A quien le toca definirlo? ¿Quién decide qué es bello y qué hacer para obtenerlo? ¿Tenemos que depilar nuestros cuerpos? ¿Teñir nuestro pelo? ¿‘Photoshopear’ nuestras fotos? ¿Tendría que hacerme las lolas, como me recomendaron los cirujanos? Si la belleza está en los ojos del que mira, ¿de los ojos de quién estamos hablando? ¿Los ojos del cirujano, el experto? ¿Los ojos de nuestra pareja? ¿Nuestros propios ojos? ¿No tendrían que ser nuestros propios ojos los que nos importan?
Al final del día, lo que cuenta es nuestra decisión, y nuestros ojos. Yo creo que en algún momento perdimos autoridad y empezamos a otorgarle mayor autoridad a los ojos de los demás, los ojos que nos rodean. Y tratamos de complacerlos, hacemos un esfuerzo descomunal por vernos lo mejor posible, hasta el punto de recurrir al bisturí en una búsqueda sin fin, una búsqueda que en realidad huele a necesidad de reconocimiento, valoración, amor o felicidad…
Los porteños y la competencia
¿Los ojos de quién nos guían por el camino hacia la puerta de la clínica de cirugía estética? Hagamos un recorrido hipotético. Empecemos con los más predecibles: los de ellos. Los porteños. Hombres. Los seres de Marte. Estos hombres que están acostumbrados a hablar de, virtualmente, todas las mujeres (las que no son sus madres) en términos de objeto sexual o decoración visual, tratándolas en forma correspondiente. Es difícil en Buenos Aires encontrar un hombre que sea buena pareja. Uno que te trate bien, que no sea demasiado machista, que te haga sentir como una princesa, que no te engañe. Es más difícil aún conservarlo, una vez que lo encontraste. Así que pensamos que tenemos que vivir cumpliendo los ideales de belleza, tratando de transformarnos en la mejor versión de nosotras mismas posible, para conseguir y mantener nuestra atracción visual y sexual.
No obstante, si estamos hablando de los ojos que nos importan y afectan, la mirada femenina es de mucha importancia también. Muchas de nosotras somos concientes de la competencia femenina en la ciudad y aunque en general nunca lo admitiríamos, tratamos de parecernos un poquito a la mina en la cartelera y vernos mejor que la nueva secretaria de nuestro marido. Además, los ojos femeninos pueden ser mucho más crueles que los masculinos, pertenezcan estos a la señorita con la que competimos en el mercado laboral, en el supermercado o en ‘el mercado de parejas’, o a la mina que trata de aumentar su autoestima tirando la tuya abajo…
Así que ¿donde nos dejan a nosotros estos ojos? Muchas mujeres que se someten a una cirugía estética lo explican como ‘un regalo a mí misma’. Dicen que son los ojos propios de ellas, mirándolas en el espejo, que les dicen que no son lindas. Sus propios ojos que guían sus pasos al quirófano, para mejorar, para ser más bella. No trato de invalidar la experiencia de aquellas mujeres. Si lo hacés para vos, y te hace sentir bien ¿quien soy yo para juzgarte? Me juzgaré solamente a mí misma. No tengo pensado someterme a una cirugía estética, porque me di cuenta de algo. Me di cuenta que, cuando me veo en el espejo y suspiro desilusionada porque lo que mis ojos ven no es lo que yo había esperado que vieran, muchas veces mis ojos están influenciados por los ojos de la gente que quiero que me vea bella. Los ojos de mi novio, de mi madre, el desconocido que pasó por la calle hoy, los cirujanos plásticos con quienes hablé… Todos aquellos ojos se metieron, de alguna manera, dentro de mi propia mirada y del modo en que mis ojos ven, miran y perciben. Yo me di cuenta que mis propios ojos a veces me engañan, cuando creo que mis ojos son míos y en realidad están vinculados e influenciados por los de las personas a mi alrededor.
Si yo pienso en mi pasado, en mi niñez, antes de mi preocupación adolescente por lo que los ojos de los demás vieran y quisieran ver, no recuerdo haber tenido muchas dudas sobre mi aspecto. En ese entonces, cuando me miraba en el espejo, seguramente no me imaginaba a mí misma como una ‘adulta’ que se hacía de todo, volviéndose loca para obtener una mejora que pareciera natural. Natural simplemente significaba natural para mí. Y someterse a una cirugía significaba mejorarte cuando estabas seriamente enferma o herida, no mejorar tu aspecto. Por supuesto, mucho tiempo pasó desde que era esta nena. Las cosas cambian mientras crecemos, y nosotras también. Con los años nos vamos dando cuenta que los otros ojos, los de los demás, importan. Puede ser que tu mamá sea una adicta a la estética. Puede ser que tu viejo te soliera retar por engordar unos kilitos, los días que comías tu (tercer) helado de Freddo. Capaz te diste cuenta que las lolas grandes y las colas firmes excitan a tu novio. Puede ser que tus ojos, influenciados por todo lo anterior, hayan comenzado a ver en el espejo una imagen a la que le vendría bien una pequeña mejora.
Cosa de todos los días
Actualmente, la cirugía estética ya no está considerada como algo excepcional. Ha sido normalizada en la cotidianidad porteña. Ya hemos perdido la cuenta de las chicas que piden una cirugía de lolas o de nariz para su cumple de quince, y de las vedettes que abiertamente cuentan, en revistas o en la tele, de cómo obtuvieron sus apariencias físicas perfectas con la ayuda del bisturí… Nuestros ojos se han acostumbrados a la cirugía estética y a una belleza que es, con suerte y si todo sale bien, una versión mejorada de la naturaleza.
Ojalá que el camino al quirófano del cirujano plástico esté lleno de obstáculos para superar. Obstáculos que nos fuercen a tomarnos un tiempo para reflexionar sobre de quién son los ojos que tratamos de satisfacer eligiendo este camino. Para pensar en el impacto del bisturí, la anestesia y el pos-operatorio. Para asegurarnos y echar una mirada a nuestro alrededor, al lugar de donde surge el impulso de ‘modificar’, de ‘transformar’, de ‘mejorar’ nuestros aspectos y nuestros cuerpos, usando métodos y herramientas que van más allá del esmalte de uñas, o del secador de pelo, que empiezan a involucrar la entrega de nuestros cuerpos a las manos de un cirujano, permitiendo que un bisturí penetre en nuestros cuerpos perfectamente saludables.
Si superás los obstáculos y llegás a la puerta del cirujano, perfecto. Hacélo, si sentís que es lo que tenés que hacer. He escuchado testimonios de mujeres en los que hacerse las lolas o una lipo contribuyó a aumentar su autoestima, a una vida sexual más satisfactoria o a resolver problemas de matrimonio.
Sin embargo, mi humilde experiencia en este camino al cirujano plástico, me hizo dar cuenta de que someterme a una cirugía mamaria en realidad sería un acto de conformidad a los ojos de otras personas, conformidad a una femineidad lograble tecnológicamente, culturalmente estimulada. Y de que, hablando de tratamientos de belleza, mis turnos con el peluquero alcanzan.
Desde mi mirada, a fin de cuentas, es en nuestros propios ojos donde se encuentra nuestra belleza, sea natural o no.
Comentarios sobre esta nota
| Anónim@ escribió : yo me hice varias cirugias y todos lo q me conocian dicen que antes era mejor enviado el 12/09/2012 16:09:55
| | Anónim@ escribió : yo me hice varias cirugias y todos lo q me conocian dicen que antes era mejor enviado el 12/09/2012 16:09:49
| | gaby escribió :
Es notable las vueltas de los destinos culturales devenidos vaya a saber de donde...!!!....como nuestra idiosincracia argentina se vio tan influenciada y regida por lo apolineo...!!!...es un misterio...Niesztche debate en El origen de la tragedia sobre la concepcion apolinea versus la dionisiaca y uno podria pensar que se expresaria mas en Europa que en un pais americano remoto como el nuestro....
Do Pico tiene un capitulo muy esclarecedor en su Mujer sin fin al respecto de todo esto...
Lo unico que me ha detenido en estos años ( llevo 44 sobre la faz de la Tierra) de hacerme lolas y demas correcciones es por un lado encontrar siempre resistencia a considerarlo una prioridad economica en mi vida ( siempre preferi invertir en otras cosas) y, mas alla de que siempre aparece como diria la Do Pico el fashionista nazi a autotorturarme con todas las exigencias esteticas habidas y por haber, por suerte, nunca dejo de conectarme profundamente, inclusive mirandome al espejo, con mi belleza esencial, mas alla y mas aca de la imagen que me devuelve el espejo, miro mi mitada, mi sonrisa me miro a mi misma y me percibo como un ser tan bello, tan deseable y tan "amable" que me da una paja barbara pensar en someterme a ningun tratamiento ni operacion cruenta e irreversible que me toquetee impunemente, sin vuelta atras....!!! enviado el 21/04/2009 14:17:14
| | Gaby del Mar ;-) escribió : Hola chiquita!
Qué bárbaro!
Echt geweldig om hier de resultaten van het onderzoek te zien waar je mee bezig was en middenin zat toen we gezamelijk een onderdeel uitmaakten van het porteño leventje!
(Ik ben momenteel weer met mijn paseadores aan het leuren ;-) !)Ben ook super trots op je!! Nos vemos en Holanda! un beso RE grande! enviado el 27/06/2007 17:34:20
| | nynke escribió : leuk ben supertrots op je xx enviado el 22/06/2007 19:04:42
| | Beatriz Eugenia Andrade Iturribarría escribió : Me interesa mucho tratar un asunto contigo y prefiero hacerlo vía email, puedes escribirme o bien darme tu cuenta para ser yo quien lo haga?
Gracias.
http//www.elcirculodemujeres.blogspot.com enviado el 20/06/2007 12:09:47
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