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por Cecilia Nápoli
El poder oculto detrás de la figura del jefe
Hay poco protagonismo pero mucho poder en el acto de asistir a otro en sus tareas. Algo que la mayoría de las mujeres sabemos desde hace siglos.
Durante mis años de estudiante trabajé en una escribanía. Allí, había un escribano de avanzadísima edad que tenía la misma secretaria hacía 30 años. “La señora”, como la llamaba el viejo y querido notario, no tenía la capacidad de hacer escrituras, pero era su secretaria ideal porque hacía muy bien todo lo demás que tuviera que ver con la confección de los escritos legales. Encajaban como anillo al dedo, se conocían a la perfección, se respetaban hasta las últimas consecuencias y, a pesar de la cantidad de años compartidos, se trataban de “usted”. La “señora” le organizaba la agenda y era la primera persona que leía y pasaba en limpio los textos que, más tarde, se convertirían en libros.
El escribano dejó muchos de sus asuntos más íntimos en manos de su secretaria. El confiaba en su reserva, su discreción y en su capacidad de mantenerlo al margen de asuntos incómodos o poco interesantes. Toda esta entrega por parte del escribano le daba mucho poder a la “señora”. Ella hacía y deshacía según su propio criterio. Determinaba cuándo y quién llegaba a su jefe (léase prestadores de servicios, jóvenes colegas, viejos conocidos, etc.) y hasta decidía cuándo el hombre de edad avanzadísima tenía que visitar al médico. Claro está que la “señora” también tenía una gran entrega hacia su jefe y todo su mundo. De hecho, treinta años de servicio son mucho más que una muestra de ello. Ambos formaban parte de un todo funcional y eficaz.
Hasta el momento que los conocí, nunca había reparado en el poder que ostentaban las secretarias ejecutivas, ya que no todas las tareas o profesiones en las que se brinda un servicio concentran tantas facultades en las manos de una sola persona. Cuanto más importante el ejecutivo asistido, mayor es el poder que sus asistentes manejan. Poder sobre los demás, es decir, otros empleados, contratistas; y poder sobre el ejecutivo al que asisten, dado la dependencia que se genera por el vínculo laboral-personal.
Toda esta dependencia tiene una explicación psicológica, según la Licenciada Claudia de Blasi, las mujeres que eligen profesiones donde tienen que ocuparse de otro demuestran, al poner toda su eficiencia al servicio de otro, su propia utilidad y valor y, sobre todo, se sienten aceptadas, un bien para nada menor en la vida de cualquiera.
Un estudio realizado por un importantísimo sitio de internet español dedicado a las asistentes ejecutivas (hoy se las llama así), mostró que en ese país un millón de secretarias desempeñan el poder táctico de la empresa en donde trabajan, ya que no sólo son las encargadas de tomar la decisión de llevar a cabo la compra de diversos productos y servicios, sino que cada día tienen a su cargo más tareas de responsabilidad. El mismo trabajo de investigación indicaba que las asistentes ejecutivas decidían, anualmente, el destino de millones de euros, dado que sus responsabilidades incluyen la compra de pasajes de avión, reservas de hoteles (obviamente, todo de primera línea), material de oficina y regalos empresariales. Vale la pena destacar que este poder de compra ha tornado a las secretarias en un blanco para las empresas de ventas de productos y servicios. Estos datos no han pasado desapercibidos en Buenos Aires, dado que por lo menos una vez por año, las asistentes ejecutivas se reúnen en un evento que, además de ofrecerles capacitación y actualización, es una vía para que empresas de todos los ramos habidos y por haber, ofrezcan sus servicios a esta impecable y perfumada legión.
Cuando rememoro mis épocas junto al escribano y la “señora” pienso que dentro de la pareja jefe-secretaria, sin lugar a dudas el jefe (o jefa) es la estrella principal y la asistente es una silenciosa y fiel compañera. Algo así como Batman-jefe y Robin-asistente, en el cual uno no está completo sin el otro.
El poder, generalmente, está relacionado con la fama y el protagonismo, y, como ya hemos visto, las secretarias gozan de una gran cuota de poder pero poco protagonismo. Entonces, ¿por qué esta excepción a la regla? ¿Por qué las asistentes eligen cumplir una tarea aparentemente poco estelar?
Tal vez, ellas dejan de lado la posibilidad de ser “Batman”, por el sencillo hecho de sentirse imprescindibles, sin pagar el costo de la notoriedad. De acuerdo a lo dicho por la psicóloga, las mujeres que realizan estas tareas “disfrutan de su lugar ya que les genera seguridad”. ¿Será por esa razón que las secretarias no se ven a sí mismas como personajes de reparto? Ellas saben que su papel es protagónico, que son, de alguna manera, imprescindibles para sus jefes y que su personaje, en muchos momentos de la trama, es fundamental. Ellas demuestran su prestigio bien ganado a través de su currículum vitae; en el respeto de sus colegas y de los otros empresarios, directores, gerentes o presidentes que han asistido; y con la confianza que les demuestran las empresas en las que trabajan a lo largo de sus carreras (la mayoría cuenta con dos o tres décadas de antigüedad en el cargo). Todos los sitios de internet y las publicaciones dedicadas a las secretarias indican que en la actualidad las asistentes ejecutivas cumplen un rol fundamental en la carrera de los ejecutivos porque, según ellas mismas, ya no va más eso de “la gran mujer que está detrás de un gran hombre”, porque ahora las asistentes trabajan codo a codo con su jefe. En cada vez más casos, son enviadas a realizar cursos de marketing, prensa y recursos humanos porque en su quehacer diario tienen que saber sobre estos temas y aportar ideas al respecto.
Modelo para armar.
Ordenada, discreta, atenta, positiva, criteriosa, emprendedora, sociable y poseedora de una gran resistencia física y un sistema nervioso resiliente. Evidentemente, el perfil de una secretaria ejecutiva es muy completo y complejo. Lo cierto es que, dentro de sus posibilidades, cada jefe o jefa, arma el rompecabezas de su secretaria ideal de acuerdo a sus propias necesidades y gustos. Y viceversa. Algunos ponen la eficiencia por sobre la sociabilidad, otros hacen hincapié en los conocimientos específicos, etc. Por ejemplo, durante una entrevista, un periodista le consultó a un ejecutivo de primera línea acerca de su relación con su asistente. El directivo explicó muy brevemente que había establecido muy buenos vínculos con su secretaria porque era muy eficiente pero también por que ella era amable tanto con él como con los demás.
Las estadísticas que manejan las organizaciones que nuclean a las secretarias ejecutivas destacan que este trabajo es eminentemente femenino. Sin embargo el dato que me sorprendió fue el siguiente: la mayoría de estas mujeres son solteras. ¿Será, entonces, que aquella entrega al trabajo que mencionábamos con anterioridad, las obliga a dejar de lado algunos o muchos aspectos de sus vidas personales? Es posible. O quizás una parte de las necesidades emocionales de todo ser humano se agota en la entrega del tiempo propio a otro. Y como la entrega es mucha en este caso, no queda mucho resto para otro tipo de relaciones.
Como a muchas de nosotras, a las asistentes ejecutivas les encanta estar en todo y, por sobre todas las cosas, les gusta sentirse necesitadas. Es más, desde la psicología se puede decir que las secretarias tienen la sensación de que son elegidas incondicionalmente por sus jefes (en especial si son varones), tanto en las buenas como en las malas. Se reconocen a sí mismas como imprescindibles y como cómplices de sus superiores. Y no les importa demasiado si el jefe es considerado, o no, porque ellas saben que ocupan un lugar importante y útil, a través de la confianza que sus jefes depositan en ellas a diario.
La realidad es que un ejecutivo es sólo la cara visible de una dupla laboral y vale tanto como la ayudante que lo asiste.
Hay un talento profundo en saber interpretar a otro, aún antes de las palabras y poner la propia capacidad al servicio del proyecto de ese otro, hasta lograr materializarlo. Y un poder enorme en quién no necesita figurar para realizar cualquier cosa.
Informe: Camila Bretón
Ilustración: Mel Broglio
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